Avanzar en almacenamiento energético nos abrirá una vía de desarrollo y posicionamiento como país

En los últimos años, el panorama de la producción eléctrica en España ha avanzado de forma extraordinaria y, además, acelerada. Quienes estamos día a día en el mercado lo hemos visto y, con más o menos esfuerzo, nos hemos ido adaptando a las oportunidades y también a los nuevos problemas que, desde luego, no han faltado. Sin embargo, buena parte de la ciudadanía no ha tenido oportunidad, ni probablemente tiempo, de percibir el rápido cambio producido.

Aunque todavía hay quien cree que las tecnologías renovables solo suponen una pequeña parte de la energía, la realidad es justamente la contraria: la mayor parte de la energía eléctrica que consumimos ya procede de fuentes renovables y a determinadas horas, la aportación al sistema eléctrico es prácticamente total. Si los proyectos eólicos y fotovoltaicos que ya están en marcha se materializasen, España generaría el 120% de su consumo actual.

Esta enorme y sin duda positiva apuesta por la energía limpia tiene, sin embargo, su talón de Aquiles y es el almacenamiento. Sin almacenamiento la sobreoferta de electricidad en los momentos de sol y viento solo sirve para que el precio caiga a cero mientras se vierte y desaprovecha la energía sobrante. Almacenar es la única vía para evitar la situación absurda de tener que desechar lo obtenido tras importantes inversiones en tecnologías limpias. No solo eso, sino que, de mantenerse esta situación, pocos inversores querrían entrar en una actividad que les produce cero beneficios durante la mayor parte del tiempo.

El almacenamiento, en cualquiera de sus formatos (bombeo, baterías en planta o a lo largo de la red (Stand Alone), hidrógeno verde, combustibles sintéticos, etc. no es una mejora, sino la condición imprescindible para que las renovables conviertan en realidad la oportunidad de transformación que tenemos delante.

Contrariamente a lo que sucede en otros países, reducir la huella de carbono, las emisiones y el calentamiento global no es para España un problema sino una oportunidad económica, tecnológica e industrial histórica que no deberíamos dejar escapar porque nos puede convertir en una potencia energética mundial.

La investigación en sistemas de almacenamiento energético, como el hidrógeno obtenido a partir de renovables, no solamente es vital para apoyar el esfuerzo de descarbonización en España y cumplir nuestros compromisos con Europa. Tan importante como eso es que nos abre una vía de desarrollo tecnológico e industrial innovadora y puntera en un sector que todos los países desarrollados van a necesitar y que nos puede colocar en un lugar de privilegio en el contexto energético internacional, no solamente como productores de energía limpia sino como expertos en las tecnologías vinculadas a ella.

Paula Román

Directora General de Fenie Energia

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